Estoy listo para sentir la magia…….

¡ No falta nada !

Quiero compartir una reflexión con ustedes a pocos días de afrontar mi décimo maratón en nueve años. El primero fue Nueva York y yo vivía en Lima. Tenía 40 años y después de practicar muchos deportes en mi vida descubría, gracias a mi amigo Gonzalo Rodríguez-Larraín, la magia del running.

Mi primer maratón fue una experiencia inolvidable en la que, pese a los múltiples consejos recibidos, como buen principiante, los olvidé uno por uno. Caminé demasiado los días previos, comí lo que nunca había comido, improvisé desayunando cosas nuevas el día de la competición y, por supuesto, salí en la carrera con un entusiasmo comprensible, pero a un ritmo que no era el mío…..

Han pasado los años y el 30 de septiembre corro la Maratón de Berlín. Un nuevo reto en el que el trabajo con nuestro entrenador, Oswaldo Lucena, ha marcado la diferencia respecto a etapas anteriores. Planificación, estudio de las características de cada cual, ajuste de los planes de trabajo, trabajo intenso de fuerza en el Avila, trabajo de fuerza y distancia en el Corta Fuegos (también el Avila) y, por supuesto, pista, pista, pista y kilómetros para acostumbrar a los músculos y, a la vez, entusiasmar al corazón.

A tres semanas de la carrera, hoy hemos hecho el enésimo trabajo de 30 kilómetros. En mi caso han sido 2 horas y 31 minutos de buenas sensaciones, de certeza de lo cercana que está la meta y de reconocer que SI SE PUEDE conseguir alcanzar un sueño que, en mi caso, tiene un título:

2:59:59

Conversaba con Alberto Camardiel que la mente, cuando se acerca el momento, no te deja quizás entender que estás preparado. Te vuelves conservador cuando precisamente durante los entrenamientos no lo fuiste dando todo día a día y superando obstáculo tras obstáculo. Pero eso, amigos, es parte fundamental de la preparación de una maratón  ¡entrenar la mente! Es trascendental ser consciente de la oportunidad de cumplir con un sueño y el sueño no es otro que atreverse a intentarlo dándolo todo. En mi opinión ese sueño está cumplido tras más de 30 semanas de preparación y entrenamiento y, sencillamente, el sueño se proyectará el 30 de septiembre en las calles de Berlín.

Dos apuntes adicionales. Tendremos en Berlín el orgullo de ser testigos directos de la nueva hazaña de nuestro querido Maickel Melamed y todo su equipo con el Proyecto Vamos en la ruta hacia la conquista de los 5 Majors. El mensaje de superación personal ya tiene a Nueva York escrito en la hoja de ruta, a miles de personas enamoradas de esa aventura y, ahora, Berlín está en la mira.

Y despedirme con lo que da el equilibrio para que todo lo demás pueda brillar. El apoyo de la familia. El apoyo de mi esposa Pamela Rodríguez con la que todas las metas estarán, siempre, al alcance de la capacidad de soñar….

Raúl Baltar

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Pamela Rodríguez o la capacidad de ReconoceR

La objetividad es relativa en numerosos ámbitos de la vida. Bastante relativa en mi opinión. A veces trato de entender cómo es posible ser crítico de literatura, pintura o música sin que las emociones personales influyan en la opinión que debe ser transmitida a otros. Difícil seguramente.

¿Objetividad? Mire usted, pues no siempre…..Afortunadamente. En 1891 Oscar Wilde publicaba El crítico como artista donde expresaba que “la crítica está por encima de la razón, la sinceridad y la imparcialidad; es necesariamente subjetiva”

Personalmente, yo reconozco que no soy objetivo en la valoración de algunos asuntos. Hago mi mejor esfuerzo (necesario) cuando entiendo que la subjetividad puede ser injusta para alguien pero, afortunadamente, no hago demasiados esfuerzos en aras de la objetividad cuando las emociones, los sentimientos y la pasión se ponen por encima de otro tipo de valoraciones más “medibles” y racionales. En el fondo no es sustancial mi objetividad porque, en última instancia, se trata de mi opinión la cual se origina sobre la base de mis sentidos agrupados en una reacción casi química. Veamos que sale…

Yo estoy casado con una cantautora, una artista de nombre Pamela Rodríguez. Tengo entonces el privilegio de conocer al completo todo el proceso necesario para que un disco pueda ver la luz. He vivido con Pamela el nacimiento de sus dos últimos discos y puedo dar fe de lo delicado y complejo de esos nacimientos. Yo tengo la intención en este post de dar una breve opinión, un reconocimiento “muy objetivo” del trabajo de Pamela, pero antes recomiendo leer un interesantísimo escrito que ella misma publicaba hace unos meses. La lectura de esa sincera reflexión aporta mucho de lo que vive un artista en su proceso creativo y, ciertamente, es mucho más objetiva que mi propia opinión.

Personalmente, sólo quiero aportar una impresión acerca de lo que vive un artista para sacar adelante un trabajo tan especial, tan mágico y tan laborioso como el que se percibe en ReconoceR. Muchos días acogiendo la inspiración que en ocasiones llega sentada al piano y siempre, siempre, con un cuaderno cercano. Días de organización, de sueños planificadores en los que comienzan a participar gentes absolutamente necesarias para que todo salga bien. Días de trabajo duro compartiendo con músicos, ingenieros, productores. Días de grabación de la música, de la voz, de las mezclas, de la masterización. Actividades y Lugares van apareciendo y repitiéndose en los meses de trabajo. Nueva York, Caracas, Madrid, La Coruña y Lima rivalizaron en este caso como escenarios en los que la voz, la mente y herramientas menos místicas como el teléfono y la computadora, trabajaron al máximo de capacidad intentando hilar las telas de este nuevo trabajo musical.

A mi me gusta este trabajo. Sinceridad y autenticidad. Y por supuesto…..soy objetivo. Pero además de ello, ahora me interesa reconocer el trabajo de Pamela y el de tantos artistas a los que, te guste o no su creación, dedican su tiempo y el tiempo de otros muchos seres humanos a intentar despertar las emociones de todos los que quieren y necesitan escuchar música.

Raúl Baltar

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Merecen la pena unas palabras…..

No es habitual encontrar trabajos bien hechos. Es lo deseable, pero no es habitual. La definición de bien hecho va más allá del trabajo terminado e, incluso, terminado como se esperaba. En mi opinión un trabajo BIEN hecho supone mucho más que entregar un resultado para ser contabilizado. Incluso yo diría que supone mucho más que entregar un BUEN resultado. Lo importante del resultado es el cómo se llega a él. Lo definitivo es que el efecto de ese resultado sea sostenible en el tiempo, tenga trascendencia para la comunidad y conmueva los sentimientos.

Y, como no es habitual encontrar trabajos bien hechos, hoy quiero felicitar sinceramente a la Corporación Andina de Fomento (CAF) por la organización de la MaratónCAF-Caracas 2012. Y les quiero felicitar por varias razones:

  • La visión. Apostar por el apoyo a la actividad deportiva que permite generar elementos positivos (muchos) en el ser humano.
  • La constancia. Repetir dos años consecutivos es de agradecer y Enrique García ya ha prometido el tercero.
  • La calidad. Realmente destacable la organización de este evento de hoy domingo en Caracas.
  • La eficiencia. Un gran equipo que está detrás de las buenas sensaciones de las que pudimos disfrutar los corredores y del que sólo conozco a mi amigo y colega atleta Alberto Camardiel. Estoy convencido que es un amplio equipo (incluyendo seguridad, bomberos, médicos, voluntarios, etc) y, desde luego, parte fundamental del éxito.

Yo he corrido la media maratón y he sido uno de los miles de corredores y acompañantes que han estado encantados con el orden y la profesionalidad de todo alrededor del evento. He corrido maratones y medias maratones en muchas ciudades de algunos países y la organización de la que hoy fuimos testigos es de primer nivel internacional. Es bueno felicitar cuando las cosas se hacen, no sólo con cariño, sino también con planificación, dedicación, profesionalidad y entrega hacia los protagonistas del evento: los corredores.

Quedan en la retina algunos recuerdos. El esfuerzo de muchos amigos y colegas que han corrido por sus sueños. El segundo lugar en los 21k de José Alejandro Semprún en su camino a la calificación olímpica hacia Londres 2012 que “sabemos” que logrará en la maratón de Barcelona en un mes. El primer venezolano en cruzar la meta en los 42k, mi amigo Jeferson Rivas. Y, por supuesto la llegada de mi inspirador (e irreverente) amigo Maickel Melamed, desafiándose de nuevo (y lo que queda….) a si mismo.

Felicitaciones por un gran evento y por un gran día de deporte, compañerismo e ilusión.

Raúl Baltar

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Y los libros que me acompañaron en 2011….

Esto de las tradiciones me incomoda en algunos casos especiales pero reconozco que, en general, me agrada. Para enfrentarse a un concepto tan presente en el día a día de todos lo más importante es reconocer que hay un cierto momento en la vida en el que uno puede escoger sus propias tradiciones además de adoptar, porque no, aquellas otras que le resulten placenteras, entrañables o emotivas.

Por ejemplo, escribir en mis blogs se va convirtiendo en una tradición. Tradición asumida como propia, ejercida con modestia, abultada de ilusión y desbordante de expectativas ante el futuro. Tradición, al fin y al cabo, que necesita de un alimento para mantenerse: Tiempo. Y es que la participación en la blogosfera y en otro tipo de vehículos que las redes sociales ponen a disposición de cualquiera, supone una inversión de tiempo de la que personalmente estoy bastante satisfecho. Aprendo mucho, necesito aislarme para hacerlo y me conecto con una realidad que exige adaptación y flexibilidad. Buen ejercicio para cualquiera en estos tiempos….

Y ahora, después de enumerar en mi último post las ciudades visitadas en el 2011, cumplo con otra agradable tradición personal, que es la de compartir los libros que pude leer durante el año que terminó. Digo pude porque ya expliqué que el tiempo está muy solicitado y mi afición por la lectura (vieja tradición) compite y se comparte hoy con otras aficiones (nuevas tradiciones). La lista comienza por una decisión acerca de que leer. El momento de seleccionar un libro (en la imagen les muestro parte de mi biblioteca personal) es parte fundamental y deliciosa del ritual que acompaña a la afición por la lectura. La selección hecha dependerá en buena medida de las inquietudes que provoquen las sensaciones y vivencias que se manifiestan en ese preciso momento temporal. Luego, al abrir el libro seleccionado, se marcará el comienzo de una aventura de expectativas ante lo que se desarrollará en las páginas que esperan y, en la mayoría de las ocasiones, la certeza de satisfacciones inmensas que van a llegar a través de las mismas.

Hace unos días leía con agrado la relación de lecturas de Javier García en su blog La Palabra Infinita. Casi coincido con Javier en el número de libros (aunque en mi caso son menos páginas), también en alguna de las lecturas e, incluso, comparto con Javier la inquietud acerca de si es mucha o poca lectura para un año. Ya el año pasado reflexioné acerca de la cantidad de lecturas en mi post ¿Quieres hacerme creer que no tienes un libro…?, así que paso directamente a enumerar, en el orden de lectura en el año, mi lista con título, autor y nacionalidad:

  • Punto Omega – Don DeLillo (Estados Unidos)
  • La revancha del silencio – Liliana Fasciani M. (Venezuela)
  • Lo que se de los hombrecillos – Juan José Millás (España)
  • El Gatopardo – G. Tomasi de Lampedusa (Italia)
  • La maleta de mi padre – Orhan Pamuk (Turkia)
  • La rebelión de los náufragos – Mirtha Rivero (Venezuela)
  • La caída de los gigantes – Ken Follet (Inglaterra)
  • Sentir la sed – Gonzalo Himiob Santomé (Venezuela)
  • Suite Francesa – Irene Nemirovsky (Rusia)
  • Los detectives salvajes – Roberto Bolaño (Chile)
  • La romana – Alberto Moravia (Italia)
  • Desde el jardín – Jerzy Kosinski (Estados Unidos)
  • Silencio en el convento – Luis Saldaña (España)
  • El regalo de Pandora – Hector Torres (Venezuela)
  • Chesil Beach – Ian McEwan (Inglaterra)
  • Las partículas elementales – Michel Houellebecq (Francia)
  • 1Q84 – Haruki Murakami (Japón)
  • Amok – Stefan Zweig (Austria)
  • Las uvas de la ira – John Steinbeck (Estados Unidos)
  • Cartas a un joven novelista – Mario Vargas Llosa (Perú)
  • Némesis – Philip Roth (Estados Unidos)
  • Veinticuatro horas en la vida de una mujer – Stefan Zweig (Austria)
  • Bartebly y compañía – Enrique Vila-Matas (España)
  • Fábulas de Carne y Huesos – Manuel Felipe Sierra (Venezuela)
  • Montaigne – Stefan Zweig (Austria)

Autores de Estados Unidos, Turkia, Japón, Chile, España, Austria, Perú, Francia, Inglaterra, Italia, Rusia y Venezuela. Son 12 países con un especial protagonismo de Venezuela con cinco interesantes autores que me animan a seguir conociendo más de la literatura venezolana. Entre mis lecturas destacan algunas grandes obras que no había leído (La Romana y El Gatopardo), algunos Nobel (Vargas Llosa y Steinbeck) y algunos que espero sean Nobel en breve (Roth y Murakami). También destacan dos descubrimientos: Stefan Zweig (tardío ciertamente) y Roberto Bolaños (apasionante). No está en la lista, pero mi decepción del año ha sido V. de T. Pynchon. Mi amigo Roger Michelena, siempre comenta que las traducciones pueden destrozar un buen trabajo de un buen autor. En el caso de Pynchon quedo pendiente de darme otra oportunidad buscando una nueva traducción.

En definitiva, una lista que me dio muchas alegrías y momentos agradables durante el 2011 y que espero le pueda servir de orientación para sus lecturas.

En breve, mi apuesta a los libros que leeré en 2012. Tengo ganas de clásicos….

Raúl Baltar

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Las ciudades que me acompañaron en 2011….

El año anterior decidí seguir el ejemplo de, Eduardo Arcos de ALT1040, y compartí con usted las ciudades que visité durante el año 2010. En ese entonces fueron 14 ciudades en 6 países y, este año largo y viajado, repito el número de países pero sumo 21 ciudades.

Los países fueron los siguientes:

  • Venezuela
  • España
  • Canada
  • Estados Unidos
  • Perú
  • Curazao

En cuanto a las ciudades visitadas durante este pasado año, vean a continuación la lista:

  • Maracay
  • Cagua
  • Valencia
  • Margarita
  • Barcelona
  • Carupano
  • Maturin
  • Maracaibo
  • Ciudad Ojeda
  • Puerto La Cruz
  • Barquisimeto
  • Valle la Pascua
  • Chaguaramas
  • Calabozo
  • Canaima
  • Lima
  • Madrid
  • Segovia
  • Coruña
  • Calgary
  • Nueva York

Si bien es cierto que evidentes y siempre gratos motivos familiares me han llevado a mis queridas Lima, Madrid y Coruña en más de una ocasión a lo largo del año, en la lista anterior se puede observar que no todo han sido aeropuertos internacionales y largos viajes durante el 2011. Para mi es importante comentar que 15 de las 21 ciudades visitadas durante el pasado año han correspondido a Venezuela. El motivo principal de la cantidad de desplazamientos locales ha sido el contacto con las queridas gentes de Banco Exterior, lo cual ha supuesto que el 2011 se ha convertido en una acumulación fantástica de grandes experiencias con grandes personas, experiencia que tengo pensado repetir para este 2012.

¡Un viajero abrazo y feliz 2012!

Raúl Baltar

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Maraton Nueva York 2011…..¿Qué pasa al finalizar la carrera?

Nos quedamos en los últimos 150 metros…..¿recuerdan?

Ante todo, no crean que en ese momento una fuerza mística o misteriosa te hace acelerar el paso y cruzar la meta como si no quedaran atrás más de 42 kilómetros. Ciertamente no. Acelerar en ese momento dependerá de lo que haya pasado durante toda la carrera y realmente muchos de nosotros no podemos casi con nuestra alma……

Esos últimos metros son en subida ¡¡Si!! ¡¡En subida!! En ese momento parece innecesario pero es lo que hay. Ya no escuchas canciones. La música no existe. No escuchas sonidos. Seguramente la mayoría de los corredores no es consciente del público que está sentado en las gradas que escoltan esos últimos metros. Sólo quieres llegar, cruzar la meta y poder gritarte por dentro (o por fuera dependiendo de la expresividad de cada cual) algo así como:

¡¡¡ LO LOGRE !!!

Te parece increíble. En ese instante ya sólo te faltan unas zancadas. Has sufrido más de una crisis durante la carrera que te hicieron dudar de tu continuidad en la misma. Ahora todo eso se ha olvidado y parece que ocurrió mucho tiempo atrás. Y cuzas la meta……  Y entonces comienza un momento realmente difícil de describir. Es un momento en el que te despegas bastante de la realidad espacio/tiempo. Mientras cruzas la meta y durante los siguientes metros, cada cual tiene sus pensamientos que quizás se parezcan bastante. Piensas en el entrenamiento que quedó atrás y también en la carrera que quedó atrás. Pero, ante todo, son momentos muy personales en los que los sentimientos afloran con mucha fuerza. Familia, amigos, ausentes y presentes, son recordados en una suerte de dedicatoria íntima que se extiende entre tantos recuerdos con la velocidad de los neutrinos……

Y das los primeros pasos sin trotar. Llegaste a la meta. Ya estás ahí. Los voluntarios, gente INCREIBLE, te cuelgan tu medalla que te recordará para siempre que fuiste capaz de cumplir tu reto.

Comienzas a caminar y te van dando algo de comida, agua y bebidas recuperadoras mientras todos esos maravillosos voluntarios te repiten incansablemente:

¡¡Great job!!

Comienzas a recuperar la realidad y realmente agradeces sus palabras, mientras uno de esos voluntarios te coloca una especie de capa que te protege del frío, aunque todavía sientes un calor inmenso y sudas muchísimo en un día soleado. Sigues caminando mientras te hidratas e intentas comer algo de lo que la organización te da en una bolsa (una manzana, una bolsa de pretzels, un pastelito). Lo normal es no tener hambre en ese momento y, mientras sigues asimilando que has terminado la maraton y el cerebro asume que el esfuerzo ya terminó, te das cuenta de que formas parte de una procesión de corredores que, envueltos en el mismo plástico que tú, caminan por Central Park en busca del camión de UPS donde le espera su ropa seca. Es otro momento especial. Vuelves a estar rodeado de gente, centenares de corredores, pero estás sólo con tus pensamientos y, también, con los dolores de los que de repente comienzas a ser consciente.

Mientras, caminas en esa procesión en la que nadie habla. La mayor parte de las caras están descompuestas pero unas están radiantes (yo creo que la gran mayoría) y otras están apagadas o tristes (un número importante de motivos seguramente está detrás de ello). Algunos corredores transmiten entereza, su caminar es firme y comunican de esa manera que estaban preparados. Algunos pensarán en esos momentos que debían haber acelerado antes pues la fuerza les sobró. Otros pensarán que cumplieron exactamente con lo que habían planificado. Otros, no pocos, se quedan en la línea de llegada, en las carpas de los paramédicos, suspirando por un masaje reparador que alivie los calambres que arrastran desde muchos kilómetros atrás. Algunos los encuentras a lo largo de ese trayecto echados en el suelo atendidos por algún voluntario. El cansancio o los dolores no dan tregua.

Los músculos, una vez que la adrenalina de la llegada va consumiéndose, se hacen presentes y te recuerdan que acaban de dar lo mejor de si mismos durante 42 kilómetros. El esfuerzo se siente y cuando llegas al camión de UPS para recoger tus cosas también sientes (al menos es mi caso) un frío considerable. El gasto de energía ha sido muy importante y sientes una hipotermia creciente. Comienzas a cambiarte junto a otros corredores. Lo esencial en ese momento es ponerte ropa seca y el pudor desaparece para conseguir el objetivo lo más rápido posible. Te quitas la ropa de la carrera. Movimientos que le parecerán de lo más normal, como ponerse un pantalón, se convierten en una aventura en la búsqueda de la posición que no genere un calambre doloroso. Sientes músculos que unas horas antes no sentías y creías fuertes y poderosos.

Terminas y te encaminas al hotel. Tu medalla colgada en el cuello. Abrigado y feliz. Caminas en la calle con el público que un rato antes era parte externa de la carrera. Los que animaban desde fuera. Ahora estás de nuevo integrado con ellos. Mucha gente te saluda y te felicita por la carrera. Son momentos de gran satisfacción y momentos en los que, aunque parezca mentira, ya comienzas a imaginar cual será tu siguiente reto maratoniano.

Llegas al hotel buscando con urgencia un baño reparador. Músculos relajándose después del esfuerzo. Llegan entonces algunos momentos en los que llegas a sentir que el cansancio te juega una mala pasada y sientes como un vacío después de tanta intensidad. Supongo que es normal, pero al menos a mi me pasa eso. Una cena consistente con un buen vino acompañando, celebrando con los colegas de la carrera, termina por recuperar desgastes y regar el ánimo con las mejores vibras.

Normalmente todo termina ahí. Pero este año, para muchos entre los que me incluyo, fue diferente. Este año era el año de Maickel Melamed. Cenamos y nos fuimos a Central Park, de nuevo, a recibir a Maickel. Abrigados ante el frío que arreciaba en la noche de Nueva York, nos encontramos en con un grupo de venezolanos que tuvieron la misma iniciativa.

El relato de la espera de  Maickel merece de un post único y especial que escribiré en su momento. Demasiadas emociones para sintetizarlas en este post. Ahora, sólo decirles que este año no hubo un mejor final para esta aventura que es prepararse para una maratón y vivir el día de la carrera. No tuvimos mejor final que durante esas largas y gélidas horas de la noche (más largas para mi amigo Maickel) que el darnos cuenta que la emoción de lo que vivíamos entre un grupo que crecía a cada momento, hacía que nos olvidáramos que unas horas antes habíamos estado sufriendo sobre el asfalto de Nueva York. Nuestra propia carrera quedaba atrás….

He intentado en estos tres post trasladarles parte de lo que la mayoría de los corredores y corredoras sienten antes de la partida, durante la carrera y al terminar la misma. Siento que he sido capaz de transmitirlo y los amables comentarios que he recibido así me lo han ratificado. Sólo me queda en este momento reiterarles que la experiencia de correr una maraton es única y que, si todavía no la han tenido y les ha gustado lo que les he contado, anímense a acompañarme en otra maraton.

¡¡ Les espero !!

Raúl Baltar

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Maratón de Nueva York 2011…¿Qué pasa durante la carrera?

Nos quedamos en la música sonando ¿recuerdan?…..

New York, New York en la piel mientras pisas la alfombra de la partida. Desde ese momento pasas a ser parte de la estadística de la carrera. Unos cuantos familiares y algunos esforzados amigos se mantendrán atentos desde ese instante al paso por las sucesivas alfombras y a la información del software informático de la organización que les dirá con bastante precisión el tiempo estimado de finalización (sin duda que esa es “otra carrera” que alguno de los interesados podría relatar….) 

Pones en marcha tu cronómetro en el mismo momento que pisas la alfombra. Mi reloj, un Garmin con GPS que ya está conectado desde hace unos minutos, recibe la señal de un satélite que, por cierto, es puesto a prueba ante miles de conexiones simultáneas e independientes a la vez (debe ser técnicamente sencillo, pero en mi ignorancia me parece una maravilla). Ya dando los primeros pasos en el Verrazano (y digo pasos pues tantos corredores te impiden correr al principio), comienza la que yo denominaría como la primera parte de la ruta a la que uno se enfrenta las siguientes horas (disculpen lo poco claro de la imagen):

La música comienza a quedar atrás mientras se comienza a avanzar con decisión por el Verrazano. La organización te recomienda que disfrutes de ese momento (si es que sales por la parte de arriba del puente, que fue mi caso) observando el paisaje, los barcos con las mangueras de agua a toda presión y las lejanas vistas de Manhattan. Uno tiene muchos corredores alrededor. Unos todavía sacándose parte de la ropa usada que intentan lanzar a los bordes de la carretera pero que, normalmente, cae encima de algún corredor. Otros riéndose en conversaciones de pequeños grupos y disfrutando de la partida, como recomienda la organización. Una cantidad no despreciable que intenta hacer sus necesidades en donde puede (los nervios y la hidratación en la espera juegan malas pasadas…). Algunos, con una velocidad en las piernas difícil de contener, comienzan a mirar su reloj calculando si su ritmo ha comenzado bien o no (mi caso, por ejemplo). Muchos, con cámaras fotográficas inmortalizando el momento. En definitiva, mucha adrenalina, emoción y expectativas ante las horas que quedan por delante. Un kilómetro y seiscientos metros para subir el puente y otros tantos metros para bajarlo. Parte de lo que hagas ahí será importante el resto de la carrera…..

Ya atrás el Verrazano, aproximádamente en el kilómetro 4, se produce un momento extelar. Otra de las cosas que te marcan de este maratón. Te encuentras con el público. Es increíble. Brookyn y sus gentes te reciben con los brazos abiertos y, desde ese punto, hasta que cruzas la meta, no dejas de escuchar a gente que te anima, que grita a todo pulmón el nombre grabado en tu camiseta. Pareciera que te conocen de toda la vida por la intensidad y emoción de sus gritos. La gente es alucinante. Es una marea humana trotando y, a pesar de esa multitud de corredores vestidos de manera aparentemente muy similar (short, camiseta y zapatillas), siempre alguien entre todos los que están a ambos lados de cada calle que recorremos se da cuenta de algún detalle. No sólo tu nombre impreso

– ¡¡Go Raúl!! (con acento neoyorkino…)

También perciben cualquier detalle personal que llevas en tu camiseta. Por ejemplo, yo llevaba este año unas pequeñas banderitas a modo de personal homenaje a Venezuela (donde vivimos y nació Luana), a Perú (donde nació mi esposa Pamela y yo viví muchos años) y a España (de donde soy y de donde es y vive mi hija mayor María). Alguien, de pronto, gritaba 

– ¡¡España!! (ahora sí, con acento español….)

No sé como podían verlo entre tanta gente. No te lo puedes creer, pero es así. Un calor y un cariño impresionantes. Pero les cuento algo, eso es buenísimo o puede que se convierta en algo malísimo. Me explico. Si al calor humano de los gritos del público le sumas algunos ingredientes como grupos de música muy motivadora, gente bailando, fotógrafos de la organización que te enfocan,  puede suceder algo peligroso: el altísimo nivel de emocionalidad te puede llevar a aumentar tu ritmo de carrera y a sentir que puedes conquistar metas imprevistas…..Ups… Es en pleno desarrollo de lo que comento, que llega la que considero es la segunda parte de la carrera:

Es en este tramo que comienza un tiempo de algo más de introspección. Normalmente ya tienes un ritmo instalado en las piernas. Debe ser el ritmo que has entrenado. Ves a la gente a los costados animando y lo disfrutas con algo más de serenidad, pero intentas concentrarte más en la carrera para la que has entrenado. Lo natural es que sean los kilómetros más cómodos de la carrera. El clima está delicioso. Los kilómetros van pasando con fluidez. Discurres por Queens y es ahí cuando comienzas ya a ser muy consciente de la hidratación o de comer alguno de los power gel que cargas para mantener las fuerzas. Sigues muy pendiente del reloj, chequeando los pasos por los 10 kilómetros, los 15 kilómetros, los 20 kilómetros. Compruebas que estás pasando por esos puntos en el tiempo que estaba planificando, mientras que la familia y los amigos siguen en complot con el software de la organización disponiendo de información adelantada de como vamos a terminar la carrera.

Ya no se ven a tantos corredores deteniéndose para hacerse fotos. Algunos, que salieron juntos en el Verrazano Bridge, ya se han separado. Cada cual a su ritmo. Casi sin darte cuenta pasas la media maratón con la sensación de que el tiempo está pasando muy rápido. El entrenamiento fue bueno. Te sientes preparado y transcurres por esta segunda parte de la maraton, cuando te acercas a uno de los puntos que considero simbólicos de esta carrera: el Queensboro Bridge. En ese momento llevas 25 kilómetros encima…..

Ya no estás tan fresco, pero la energía esta activada al máximo. Cuando comienzas a subir ese laaaargo y empinaaaado puente, suceden algunas cosas. Lo más significativo es que desaparece el público. Nos quedamos sólo los corredores. Dejas de escuchar ánimos, gritos, nombres en todos los idiomas y, de repente, sólo escuchas pisadas (miles de pisadas) y respiraciones de todo tipo (normalmente agitadas). Es un antes y después de esta carrera. La concentración tiene una dura prueba en ese instante debido al esfuerzo requerido para subir el puente y debido al violento cambio de escenario. En esos momentos, de 5 a 8 minutos, eres muy consciente de cómo vas. De como te sientes. Por fin comienzas a bajar el puente. Soltando los músculos y recuperando la respiración. Comienzas a escuchar un murmullo lejano que, cuando llegas a la base del puente para enfilar la Primera Avenida, se convierte en un griterío atronador. Te encuentras de nuevo con el público. Miles de personas que provocan un tsunami en la concentración que habías “trabajado” en el Queensboro y que te ponen la piel de gallina. Sin duda….

 ¡¡¡ Aceleras !!!

La anterior es una foto mía del año 2003 que está hecha justo a la salida del Queensboro y diría que en mi expresión se reflejan las sensaciones que comentaba antes. Con ese ánimo comienzas a subir la Primera Avenida, ya en Manhattan. Una larga subida donde, si es posible, hay todavía más gente animando a los corredores. Una subida amable pero que resulta ser, finalmente, algo traicionera. Y llega lo que para mi es la tercera parte de la carrera:

Ultimo tramo. Al final de la Primera Avenida está el mítico kilómetro 30 donde se sitúa, figuradamente, la famosa “pared”. El Muro. Si no te has administrado bien las decenas de kilómetros anteriores llegan las “facturas” alrrededor de ese kilómetro. Normalmente se trata de facturas a pagar, aunque en algunos casos (pocos creo yo) se cobra también.

En general ya nadie se hace fotografías. Las miradas de muchos de los runners se dirigen a las zapatillas. Miradas concentradas en el paso, en el ritmo. Sigue existiendo el ánimo del público, pero en los 6 ó 7 siguientes kilómetros no se escucha demasiado el griterío que sigue sonando infatigable. La concentración es máxima. Una concentración que, en algunos casos, te lleva a pelear contra los demonios que te asaltan cuando compruebas que tu paso cada kilómetro se va haciendo más lento y eres incapaz de acelerar, que los músculos comienzan a doler de una manera que no te dolían en el entrenamiento, que sientes que bebas gatorade o te engullas dos power gel de una vez nada va a mejorar, cuando te asaltan las voces internas de alguna gente (siempre la hay) que dijo que no compensa tanto sufrimiento (el clasico “te lo dije”). Es entonces cuando tu cerebro comienza a fabricar decenas y decenas de excusas, presididas con descaro por un comentario universal para todos los corredores:

¡¡ Que coñ… hago aquí !!

Pero esa concentración máxima también puede ser para disfrutar del sentimiento de comprobar que el entrenamiento funcionó. Que hay dolor pero que el mismo es más que soportable. Que el ritmo incluso mejora un poco. Sientes la gente del público, pero no la ves. El reloj es el compañero. La vista al frente consumiendo kilómetros y viendo todo tipo de escenas entre los corredores con los que has ido compartiendo ya varias horas. Gente caminando, gente con calambres, gente con dolor, gente que te adelanta con una energía que intentas te contagie….

Enfilas la Quinta Avenida camino ya de Central Park. Sientes que ya queda poco o sientes que queda una eternidad. Depende de como estás. Tantas sensaciones y mundos como gentes corriendo. Cuando salíamos en Staten Island (ahora sí te parece que hace una eternidad de ello) TODOS sentíamos lo mismo. Ahora ya no es así. Los sentimientos de cada cual son posiblemente muy diferentes.

Y entras en Central Park. Casi 39 kilómetros quedan atrás. No hay manera ya de abandonar, de no hacer el mejor esfuerzo. Es en ese momento que te conectas de nuevo con el ambiente. La gente te da esa fuerza que a veces creías que ya no tenías. Miras tu reloj y haces los cálculos de como vas a terminar. Los familiares y amigos ya lo saben (el software de la organización hace rato les dijo el tiempo final con asombrosa fiabilidad). Pero esos últimos kilómetros son intensos, muy intensos.

Y, de pronto, ves la meta a “sólo” 150 metros…….

Raúl Baltar

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Maratón Nueva York 2011……¿Qué pasa antes de la carrera?

En mi último post en este blog me refería a la noticia que elevaba la población “registrada” de la Tierra a 7.000 millones de habitantes. El pasado día 6 de noviembre corrí mi octava maratón y mi cuarta maratón en Nueva York y, en algunos momentos, tenía la sensación de que casi todos esos 7.000 millones de seres humanos estaban corriendo ese soleado domingo neoyorkino muy apretados cerca de mi. Realmente una de los primeros comentarios que quiero compartir acerca de esta mi última experiencia maratoniana es que el número de participantes está convirtiendo esta mística carrera en una cierta incomodidad que la organización debiera considerar en mi humilde opinión.

Con algunos amigos me había comprometido a comentar mis experiencias en esta pasada maratón. Lo primero es un reconocimiento sincero, con Matrícula de Honor, para el publico que está distribuído a través de todo el largo recorrido. Nunca dejan de animar, nunca dejan de gritar y eso es pura energía para los corredores ¡Bravo por ellos!

La mañana comenzó muy temprano. Arriba a las 4.30 am después de un sueño irregular en el que la adrenalina no te deja conciliar un descanso relajado y mucho menos profundo. La ropa que te vas a poner ya está preparada desde la noche anterior. El dorsal en el sitio correcto de la camiseta, el short favorito, los calcetines usados y cómodos y las zapatillas que no estén nuevas ni tampoco muy desgastadas, son parte importante del desempeño del día siguiente (nada nuevo, nada no usado antes).  La bolsa con la ropa seca para la llegada también lista al costado.

Un desayuno ligero (luego habrá que comer algo más) y que no se componga de nada no consumido durante los meses de entrenamiento. Definitivamente no es el momento de inventar. Después, toca salir de la habitación del hotel, bajar al lobby y encontrarse con una cantidad considerable de corredores venezolanos y sus familias, todos ilusionados haciéndose decenas de fotos de recuerdo previas a la hazaña que se va a cumplimentar en pocas horas. Al autobús camino de Staten Island. Bromas de unos, reflexión de otros, sueño de los que durante la noche han estado más nerviosos. Se acerca el momento y cada cual va dando salida a sus emociones en línea con sus personalidades. Interesante.

Por fin llegamos a Staten Island. No fue fácil. La cantidad de corredores que acceden a la zona salida se traduce en un atasco que se asemeja a la Avenida Libertador de Caracas en día de lluvia…Todos vamos entonces a la búsqueda inmediata del color asignado, el azul para mi, y del camión de UPS donde la organización te indica debes dejar tu bolsa con la ropa seca para la llegada (muy recomendable preparar con detenimiento esa bolsa). Después, de inmediato al llamado “corral”, una parcela en la que tu número te indica debes esperar la partida (en mi caso color azul y corral 8 indicado por mi número 8893).

Llegan entonces los momentos de mayor recogimiento. Rodeado de centenares de personas a quienes no conoces pero de las que imaginas han pasado por el mismo proceso que tu has pasado. Atrás quedan meses de entrenamiento, de madrugones día tras día. De esfuerzo en busca del paso adecuado, de la fuerza necesaria, del ritmo deseado. Velocidad, distancia, esfuerzo están reflejados en los rostros de italianos, franceses, norteamericanos, brasileños y tantos corredores que acompañan a uno en esos momentos de soledad.

Se acerca el momento y uno se saca la ropa vieja que se ha dejado encima para mantener el calor en una fresca pero soleada mañana neoyorkina. Esa ropa, miles de piezas, es recogida por voluntarios para ser entregada a personas de bajos recursos. Los nervios a flor de piel, las palabras del Alcalde Bloomberg, el cañonazo y la mítica New York, New York de la película de Scorsese para cruzar la línea de salida y enfilar el desafiante Verrazano Bridge….

Y para que no quede demasiado largo, les cuento el desarrollo de la carrera en el siguiente post. Espero que les resulte estimulante el relato……..

Raúl Baltar

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Y, de repente, ya somos 7.000 millones……

Algunas noticias importantes han despertado mi atención en estos días y no se corresponden con quiebras de bancos, deudas soberanas rescatadas o reuniones de los grandes líderes mundiales. Una de ellas es la siguiente:

  • Internet en los últimos años ha adquirido un tamaño cuyos inventores seguramente nunca sospecharon y es una voraz consumidora de energía. Cientos de miles de servidores, hubs, routers, modems y otros aparatos electrónicos indispensables para su funcionamiento devoran energía eléctrica y muchos de ellos ni siquiera han sido diseñados para que resulten mínimamente eficientes. Justin Ma y Barath Raghavan, de la Universidad de California en Berkeley y del Instituto Internacional de Ciencias de la Computación respectivamente, realizaron un estudio que demuestra que internet consume el 2% de la energía mundial.

Hablo por mi caso personal, pero no me imaginaba que el impacto de internet sobre el consumo energético fuera de tal envergadura. Y esta noticia es comentada en un momento en el que también somos informados de que el mundo ha llegado a los 7.000 millones de habitantes. Parece que la número 7.000.000.000 ha sido una niña filipina….¿Como hacen para detectar que ella es la que cumple el requisito? No se, pero quizás parte de ese inmenso consumo de energía que hablamos haya servido para controlar una información tan increíble. En fin, cosas de este mundo.

La velocidad a la que todo avanza (como la de los neutrinos que todavía no convencen) es posiblemente parte de lo que inspira el avance asombroso de todo lo que viene como colateral de internet. La administración del crecimiento es importante, como también lo es la cultura que se genere alrededor del mismo, porque en el estudio comentado se hace mención especial al impacto que sobre el cambio climático tiene un uso energético de la naturaleza del tecnológico. Es necesaria una cultura de la eficiencia en el uso de internet y también es importante tener la conciencia de que parte importante de los 7.000 millones de personas son, o serán en breve, usuarios intensos de las nuevas tecnologías por lo que la cultura de mejor uso debe sembrarse desde ahora mismo.

Soy un entusiasta y creo que viviremos cosas increíbles desde el punto de vista de la tecnología si somos capaces de evolucionar y ser conscientes de lo que supone ser tantos habitantes en este mundo limitado en recursos energéticos y alimenticios. Por eso es que no se puede dejar de pensar en que la pequeña filipina que ha pasado al libro de los records, quizás sea una potencial usuaria de internet, pero quizás forme parte también de los 1.000.000.000 de personas que pasan hambre en el mundo….

Y es que todo está conectado, tal y como internet nos muestra día a día….

Raúl Baltar

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En 3 horas y 20 minutos….

Avanza a toda velocidad el plan de entrenamiento diseñado para correr la próxima Maratón de Nueva York. La cita es el 6 de noviembre y faltan menos de 27 días para situarse en la línea de partida y desarrollar lo repetido hasta la insistencia en exigentes jornadas de trabajo en las calles y en la pista en Caracas, Coruña, Madrid y Lima.

Ante este escenario, la siguiente tabla es la expresión ineludible de un compromiso:

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Espero que el reducido tamaño de los números no les impida leer la información, pero no he sido capaz de importar esta información con mejor calidad. Según ese cuadro, por ejemplo, si uno mantiene un paso de 4 minutos y 45 segundos por kilómetro (durante 42 kilómetros y 195 metros), finaliza la carrera en 3 horas y 20 minutos. Casi todos los corredores nos resistimos a fijar una posición respecto a nuestro desempeño en una próxima carrera. El discurso para ello es variado y reconocible:

– Me enfríe y no pude entrenar unos días. Veremos….

– Mi estómago no anda bien últimamente. Veremos….

– Me duele la pierna. Veremos…..

– Veremos el día de la carrera….

En fin, así muchas más explicaciones que nos llevan desde los terrenos de la prudencia, al conservadurismo o, tan sencillo como eso, al miedo a fallarnos a nosotros mismos. Pero en realidad, después de un duro entrenamiento y de conocerse bastante bien en cuanto a la capacidad que uno ha desarrollado, lo cierto es que SI se puede establecer una meta que sea retadora y, también, realista de manera de no correr por encima del nivel que se entrenó.

Como dice mi amigo Gonzalo Rodríguez-Larraín, el mérito es situarse en la línea de partida. Asumido ello, declaro que mi meta para esta carrera es mantener un paso de 4:45 y terminar en 3 horas 20 minutos.

Veremos el 6 de Noviembre….

Raúl Baltar

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